Había esperado aproximadamente 11 meses para atreverse a decirle que un café sería una buena forma de mostrarle sus gustos y dejar esa rutina diaria de mensajes retorcidos en una ventana del chat. En esos 11 meses había ido de compras, unas cuantas blusas adquirió para combinarlas con su jeans favorito, unos tacos rojos, una cartera de igual color buscó entre las cosas de sus amigas, todo para deslumbrar, o creer deslumbrar el día del encuentro. Se sintió satisfecha al verse vestida como una señorita, de esas señoritas muy decentes que las madres desean. Dentro de los modales adecuados, practicó una y mil veces, durante todo aquel periodo de espera, el no sacarse los zapatos y moverlos en círculo por el piso, practicó también como evitar llevar las manos a sus orejas cuando le picaban terriblemente, logró controlarlo, le llevó una gran cantidad de meses bloquear su mente al momento de la comezón. Compró, además de las blusas, un espejo doble, de esos que por uno de sus lados tienen aumento, para practicar mientras fumaba, una posición sensual de sus labios que ayudaran a aumentar el volumen de éstos cuando aspirara el humo gris. Pensó muchas veces en que un café sería ideal, un café al aire libre con mesas redondas, así aumentaría el brillo de sus ojos con el sol y su cabello tendría una movilidad natural. En primera instancia había decidido por un pub, pero se imaginó poniéndose de pie muchas veces para ir al baño, ya que con todo lo que bebía no podría controlarse, además de que la música no deja espacio para la conversación, aquella conversación tan poco fluida que pretendía seguir, pues había escrito lo que diría imaginándose hasta la respuesta del oyente. Estaba tan alegre con sus resultados, que con lágrimas en los ojos frente al PC se lo propuso. Estipularon el día, el lugar y la hora como si fuese muy casual el acuerdo, después de 20 minutos de conversión, cerró la ventana y esperó el día, luego de 11 meses unas cuantas horas más, eran nada. Cuando llegó el momento ansiado, se preparó muchas horas antes, se miró en el espejo y se vio tal y como se había imaginado, encendió varios cigarrillos para su última práctica, repasó todo el texto de principio a fin, se fue caminando con garbo por entre las calles.
Al día siguiente todo estaba en paz, había sido un éxito su debut, las prácticas dieron el mejor de los resultados, ni un solo fallo, ahora podía comprarse más que un par de blusas y un espejo, ya que al abrir su cartera los billetes se habían multiplicado por miles, al igual que los mensajes en el chat, la recomendación después del encuentro le había otorgado una sutil fama. Ahora pensó en practicar una nueva firma, ya que había decidido cambiar su nombre por uno de verdadera mujer.
Al día siguiente todo estaba en paz, había sido un éxito su debut, las prácticas dieron el mejor de los resultados, ni un solo fallo, ahora podía comprarse más que un par de blusas y un espejo, ya que al abrir su cartera los billetes se habían multiplicado por miles, al igual que los mensajes en el chat, la recomendación después del encuentro le había otorgado una sutil fama. Ahora pensó en practicar una nueva firma, ya que había decidido cambiar su nombre por uno de verdadera mujer.

