Abril significó en su vida algo más que metáforas repetidas sobre el amor idílico. En un principio le parecía patético hasta inútil, pero sucedió que justamente ese día, cuando el cielo estiraba la última nube, el viento revolvió su cabello y le pareció sentirse algo diferente. se ruborizó de nada, de nada también de rió. Ese mismo viento bajaba por su seno blanco hasta posarse dentro de su ombligo, inevitablemente dejo caer sus manos sobre éste, con un ademán de preocupación, pero a la vez gozo.
Había madurado y se sentía mujer, por segunda vez en su vida, lamentablemente no había nadie allí observándola. Ningún cómplice ceremonial. Se llamaba Soledad, como siempre, desde su primera vez. Abril le pertenecía sólo porque enmarcaba la situación en que había manchado su niñez.
Había madurado y se sentía mujer, por segunda vez en su vida, lamentablemente no había nadie allí observándola. Ningún cómplice ceremonial. Se llamaba Soledad, como siempre, desde su primera vez. Abril le pertenecía sólo porque enmarcaba la situación en que había manchado su niñez.
