Menú del día

Menú del día
la filosofía del camarín (Magritte)

viernes, 5 de junio de 2009

Esperanza

Había esperado aproximadamente 11 meses para atreverse a decirle que un café sería una buena forma de mostrarle sus gustos y dejar esa rutina diaria de mensajes retorcidos en una ventana del chat. En esos 11 meses había ido de compras, unas cuantas blusas adquirió para combinarlas con su jeans favorito, unos tacos rojos, una cartera de igual color buscó entre las cosas de sus amigas, todo para deslumbrar, o creer deslumbrar el día del encuentro. Se sintió satisfecha al verse vestida como una señorita, de esas señoritas muy decentes que las madres desean. Dentro de los modales adecuados, practicó una y mil veces, durante todo aquel periodo de espera, el no sacarse los zapatos y moverlos en círculo por el piso, practicó también como evitar llevar las manos a sus orejas cuando le picaban terriblemente, logró controlarlo, le llevó una gran cantidad de meses bloquear su mente al momento de la comezón. Compró, además de las blusas, un espejo doble, de esos que por uno de sus lados tienen aumento, para practicar mientras fumaba, una posición sensual de sus labios que ayudaran a aumentar el volumen de éstos cuando aspirara el humo gris. Pensó muchas veces en que un café sería ideal, un café al aire libre con mesas redondas, así aumentaría el brillo de sus ojos con el sol y su cabello tendría una movilidad natural. En primera instancia había decidido por un pub, pero se imaginó poniéndose de pie muchas veces para ir al baño, ya que con todo lo que bebía no podría controlarse, además de que la música no deja espacio para la conversación, aquella conversación tan poco fluida que pretendía seguir, pues había escrito lo que diría imaginándose hasta la respuesta del oyente. Estaba tan alegre con sus resultados, que con lágrimas en los ojos frente al PC se lo propuso. Estipularon el día, el lugar y la hora como si fuese muy casual el acuerdo, después de 20 minutos de conversión, cerró la ventana y esperó el día, luego de 11 meses unas cuantas horas más, eran nada. Cuando llegó el momento ansiado, se preparó muchas horas antes, se miró en el espejo y se vio tal y como se había imaginado, encendió varios cigarrillos para su última práctica, repasó todo el texto de principio a fin, se fue caminando con garbo por entre las calles.
Al día siguiente todo estaba en paz, había sido un éxito su debut, las prácticas dieron el mejor de los resultados, ni un solo fallo, ahora podía comprarse más que un par de blusas y un espejo, ya que al abrir su cartera los billetes se habían multiplicado por miles, al igual que los mensajes en el chat, la recomendación después del encuentro le había otorgado una sutil fama. Ahora pensó en practicar una nueva firma, ya que había decidido cambiar su nombre por uno de verdadera mujer.

jueves, 26 de febrero de 2009

Como si fuera una despedida



Ya es hora de marginar mi cuerpo de tu vida, que sólo parecía plena cuando nos sentábamos a conversar horas sobre las estupideces mas insólitas, cuando comíamos porquerías viendo una película sin importancia, o cuando inventábamos canciones que hasta ahora merodean en mi frágil memoria. Adoraba esa complicidad espontánea que suelen tener las personas que mucho se conocen, nos bastaba una mirada para decirnos de todo y más. Muchas de esas cosas, sino todas, se han desvanecido por una simple situación, que ha sido una especie de mosca que molesta mi paz.
Es muy complejo pensar con claridad en estos momentos en que mi calma, esa grandiosa virtud de pocos, se corrompe más con cada miserable palabra y gesto que tienes hacia mi. Según tu ostentosa filosofía de discurso cuasi político, con la que sueles predicar tu opinión siempre certera; las cosas deben decirse en su más limpia forma, las personas mediocres sólo gastan el oxígeno de la gente virtuosa, inteligente. Hoy, esas prédicas han caído en el abismo del olvido y son usadas en tu contra.
Tu maldito sentido de superioridad y orgullo casi siniestro han cegado tu mente, y sólo tienes los ojos fijos en palabras bellas que alimentan tu ego de mujer fuerte.
Tu vida sólo parecía plena, solo aparentaba ser plena en mi compañía incondicional, ahora tengo el valor de decirte que soy más fuerte que ayer y por eso me margino de ti en todo sentido, quedate allá, lejos en el mundo de hadas donde eres la princesa rosa vestida de halagos, que salen de los labios de la discordia.
Aun así, si llegases a necesitar mis palabras reales, sal de tu burbuja de ensueño, que yo sí soy persona, y sin remordimientos volveré a ser tu cable a tierra.

jueves, 19 de febrero de 2009

Mi música es mujer y vida

Jamás renuncies a la música de tu corazón mujer, haz que suene tan dulce y detestable que odien tu armonía cuando te oigan. No pares de llenar de notas los lugares que visitas, y baila y canta una y otra vez para siempre. Debes pareces ligera y llena de gracia cuando seas rodeada de ruidos incompatibles a los tuyos, no apresures el paso, no desaparezcas, no te escondas, siempre mantente firme y distinguida pese a que no comprendan tu ritmo, pese a que nadie baile tu melodía... eres música mujer, y serás inmortal porque fuiste la mentora de tantos muertos vivos, porque ellos pensaron en ti y se hicieron eternos. ¡Vamos, camina! y prueba del pecado la divinidad de éste, ya que te hará compositora de nuevos matices vivientes y te renovarás. Pero si llegases a silenciar tu vida por un segundo de paz, olvidate de la felicidad de este mundo, porque serás la causa de su destrucción inmediata.

jueves, 12 de febrero de 2009

La suerte es una mierda

Cuando la paloma defecó (avecilla y la co$#&@%3) sobre mi hombro, me di cuenta que algo nuevo me sucedería, experimentaría sensaciones olfativas y táctiles de nivel superior, mi vida daría un giro trascendental, mi suerte había cambiado caprichosamente y nuevos vientos abrazarían mi puerto. Aquella avecilla grisácea jamás imaginaría que con sus deshechos naturales podría cambiarle la vida a alguien (una especie de Amelie voladora).
Caminé con cierto garbo por entre la gente de la estación central, sintiéndome superior, porque mis sentidos se habían agudizado y ya no pertenecía a la mayoría, tan común, de la población santiaguina. No pretendía limpiarme bajo ningún motivo el residuo que
dirigía mi felicidad hasta su clímax. La gente expectante miraba con recelo el contoneo de mis pasos, y yo hubiese querido que esa cremosa sustancia olorosa de deslizara por mi frente en ves del mi brazo, así llevaría la marca de la plenitud con aún más prestancia y gallardía. Caminé varios metros sin rumbo determinado, pensando en el momento justo en que los cielos se abrirían y el milagro de mi vida se haría real y tangible, hasta que el tropiezo con una piedra me hizo reaccionar, abandonar mi momento de gloria y girar mi cabeza hasta fijar mi mirada en la figura deteriorada de un mendigo sucio y a mal traer que para mi sorpresa, llevaba junto a su pecho, el más grande de los amuletos de la suerte, una extraordinaria feca equina. Miré rápidamente al cielo buscando una explicación, si seguía caminando con mi regalo divino a cuestas, terminaría en el vertedero o bajo algún puente, ese sería mi milagro, el de la mediocridad.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Heroína

Tantos excesos que multiplicaron sus depresiones y fobias, la sumieron en un estado patético de náuseas y miedos, su cara amoratada palidecía al más mínimo contacto con alguien, por lo que siempre se encontraba sola y desesperada en la esquina blanca de su cuarto de hadas. Sólo el consumo de múltiples pastillas le hacían reaccionar y sentirse humano conciente, de esta manera abandonaba sus cuatro paredes, seducida por la idea de visitar las esquinas de alquiler que proporcionan alegrías orgásmicas.
Nadie conocía su nombre, y a nadie la interesaba, estaba tan perdida, que los detalles irrelevantes perdían total consistencia. Ella se convirtió en uno de esos detalles, y fue disminuyendo su intelecto, hasta el punto de reducir su cuerpo a una hebra de vida aún más insignificante. No hicimos nada por detener el ciclo letal que la consumía, porque cuado nos percatamos que aquella materia tenía vida, ya se había echo invisible a nuestro ojos.

martes, 29 de abril de 2008

Mujer de Abril

Abril significó en su vida algo más que metáforas repetidas sobre el amor idílico. En un principio le parecía patético hasta inútil, pero sucedió que justamente ese día, cuando el cielo estiraba la última nube, el viento revolvió su cabello y le pareció sentirse algo diferente. se ruborizó de nada, de nada también de rió. Ese mismo viento bajaba por su seno blanco hasta posarse dentro de su ombligo, inevitablemente dejo caer sus manos sobre éste, con un ademán de preocupación, pero a la vez gozo.
Había madurado y se sentía mujer, por segunda vez en su vida, lamentablemente no había nadie allí observándola. Ningún cómplice ceremonial. Se llamaba Soledad, como siempre, desde su primera vez. Abril le pertenecía sólo porque enmarcaba la situación en que había manchado su niñez.